lunes, 6 de abril de 2015

( II )



II

Entré a la habitación, ella estaba sentada sobre el marco de la ventana. Su actitud me hacía no poder evitar desearla con todo mi cuerpo.
Me observaba casi obligando a mi lujuria a actuar de una vez.
La lámpara de la habitación estaba a apagada. La única luz en el cuarto era la del reflejo que dejaba la luna llena en su cabello.
Me acerque lentamente en dirección a la ventana, pegó su cuerpo al mío, y comenzó  a lamerme el cuello.
Desde mi espalda, lamia los lóbulos de mis orejas como si esa acción le causara mas placer a ella.
Mi cuerpo reclamaba poseer el de ella, mis ojos permanecían cerrados de placer. Al abrirlos, un espejo colgado sobre una de las puertas del placard, me devolvió la imagen de lo que estaba sucediendo.
Un gran gato negro sentado sobre el marco de la ventana me miraba fijamente con sus enormes ojos verdes mientras lamia mi cuello.
Permanecí inmóvil esperado despertar, (si acaso estaba dormido).
De un momento a otro, me invadió la peor sensación del mundo. Miles de hormigas encendidas fuego, corrían por mis venas en todas las direcciones posibles.
Comencé a sentirme tan mal, que perdí el conocimiento.
Al despertar, me encontraba descansando sobre sus piernas, y ella acariciaba mi cabeza.
Me tomó con ambos brazos, me levantó en el aire y me dijo:
- siempre voy a estar para cuidarte, gatito.-.

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