II
Entré a la habitación, ella
estaba sentada sobre el marco de la ventana. Su actitud me hacía no poder evitar
desearla con todo mi cuerpo.
Me observaba casi obligando a mi
lujuria a actuar de una vez.
La lámpara de la habitación
estaba a apagada. La única luz en el cuarto era la del reflejo que dejaba la
luna llena en su cabello.
Me acerque lentamente en dirección
a la ventana, pegó su cuerpo al mío, y comenzó a lamerme el cuello.
Desde mi espalda, lamia los lóbulos
de mis orejas como si esa acción le causara mas placer a ella.
Mi cuerpo reclamaba poseer
el de ella, mis ojos permanecían cerrados de placer. Al abrirlos, un espejo colgado
sobre una de las puertas del placard, me devolvió la imagen de lo que estaba
sucediendo.
Un gran gato negro sentado sobre
el marco de la ventana me miraba fijamente con sus enormes ojos verdes mientras lamia mi cuello.
Permanecí inmóvil esperado despertar, (si acaso estaba dormido).
De un momento a otro, me invadió
la peor sensación del mundo. Miles de hormigas encendidas fuego, corrían por
mis venas en todas las direcciones posibles.
Comencé a sentirme tan mal, que perdí el conocimiento.
Al despertar, me encontraba descansando sobre sus piernas, y
ella acariciaba mi cabeza.

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