miércoles, 8 de abril de 2015



Marita reniega de su naturaleza.

Camina desnuda de ideales,

pero protesta cuando los vendedores

de viajes estudiantiles se le acercan.

Llena su boca de espuma

y de palabras

ahuecadas a picotazos de canario.

Baila extasiada frente a un espejo.

Ve como sus brazos,

se le desprenden del cuerpo oxidado.

En sus canteros vacíos,

crecen pequeños arbolitos prematuros.

Esconde armas mortales

bajo su pelo percudido en lilas.

Camina erguida,

se sienta erguida,

duerme erguida.

En cambio su alma,

es un perro callejero que se convierte en peluche 

a la hora de dormir.

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