Se para detrás de mí
un sapo gigante
su cuerpo lleno de verrugas
le ordena a mis manos
como
moverse.
Mi yo niña obedece,
mi yo grande se opone
y busca un gran pie
que la
acompañe.
Lo pisa,
lo pisa bien fuerte y con
bronca.
Un nuevo sapo
le susurra cosas bonitas
pero no puede ocultar las
verrugas
de su rostro
de su cuerpo
que se derrite
encima del de ella.
Junta el agua que se amontonó
en su alma,
y ahoga al nuevo sapo y a la
niña.
La adulta que pisa sapos baila
y se sumerge en grandes
charcos pegajosos
dejados por otras almas
niñas.
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