lunes, 6 de abril de 2015



Se para detrás de mí
un sapo gigante
su cuerpo lleno de verrugas
le ordena a mis manos
como moverse.
Mi yo niña obedece,
mi yo grande se opone
y busca un gran pie
que la acompañe.
Lo pisa,
lo pisa bien fuerte y con bronca.
Un nuevo sapo
le susurra cosas bonitas
pero no puede ocultar las verrugas
de su rostro
de su cuerpo 
que se derrite encima del de ella.
Junta el agua que se amontonó en su alma,
y ahoga al nuevo sapo y a la niña.
La adulta que pisa sapos baila
y se sumerge en grandes charcos pegajosos
dejados por otras almas niñas.

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