III
De repente, me encontraba en un
salón repleto de gente. Ridículamente plantado en el medio, el esqueleto de lo
que había sido un árbol.
A un lado de este famélico
cadáver vegetal, cinco personas sostenían a una mujer de largo pelo y boca roja.
No podía reconocer su cara. Levemente, sus borroneadas facciones me resultaban conocidas.
Ordenaba a las cinco personas, que
amarrasen las extremidades de esa mujer, mientras yo observaba entretenida
mientras lo hacían.
Seguido a eso, les pedía a ese
grupo de personas que seguían obedientemente mis órdenes, que amputaran cada
una de sus extremidades.
Lo ordenaba con total
naturalidad.
Cuando el primero de ellos se
acercó a ella, pude ver la expresión en su rostro. Era incapaz de disimular el
placer que le provocaba seguir esa orden.
Tras el primer golpe, la mano
derecha se desprendió del cuerpo amarrado. El borroneado de su cara comenzó a
desvanecerse, que poco a poco, fue volviéndose más identificable.
Finalmente, pude reconocerme…
Me observaba desde el árbol al
que había ordenado ser amarrada, sin la mano que había ordenado me fuera
amputada, rodeada de esos cinco tipos que obedecían todo lo que yo les pedía.
Miré mi mano derecha y ya no
estaba.
Un segundo golpe de hacha,
desprendió la segunda extremidad de mi cuerpo ubicado en medio del salón, atado
a ese horrible árbol.
Mire mi mano izquierda, y tampoco
estaba.
Grite que la próxima fuera la
cabeza.
Se escuchó un tercer golpe de
hacha…
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