lunes, 6 de abril de 2015

( III )



III

De repente, me encontraba en un salón repleto de gente. Ridículamente plantado en el medio, el esqueleto de lo que había sido un árbol.
A un lado de este famélico cadáver vegetal, cinco personas sostenían a una mujer de largo pelo y boca roja. No podía reconocer su cara. Levemente, sus  borroneadas facciones me resultaban conocidas.
Ordenaba a las cinco personas, que amarrasen las extremidades de esa mujer, mientras yo observaba entretenida mientras lo hacían.
Seguido a eso, les pedía a ese grupo de personas que seguían obedientemente mis órdenes, que amputaran cada una de sus extremidades.
Lo ordenaba con total naturalidad.
Cuando el primero de ellos se acercó a ella, pude ver la expresión en su rostro. Era incapaz de disimular el placer que le provocaba seguir esa orden.
Tras el primer golpe, la mano derecha se desprendió del cuerpo amarrado. El borroneado de su cara comenzó a desvanecerse, que poco a poco, fue volviéndose más identificable.
Finalmente, pude reconocerme…
Me observaba desde el árbol al que había ordenado ser amarrada, sin la mano que había ordenado me fuera amputada, rodeada de esos cinco tipos que obedecían todo lo que yo les pedía.
Miré mi mano derecha y ya no estaba.
Un segundo golpe de hacha, desprendió la segunda extremidad de mi cuerpo ubicado en medio del salón, atado a ese horrible árbol.
Mire mi mano izquierda, y tampoco estaba.
Grite que la próxima fuera la cabeza.
Se escuchó un tercer golpe de hacha…

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