Amo las redes sociales, uno se
convierte en el que sus palabras describen, solo eso basta. Hoy en particular,
soy médico, atlético, soltero y buena persona. Es obvio que nada de eso es así realmente.
No tengo trabajo hace unos cinco años, jamás estudié nada, vivo con mi madre y
la verdad es que constantemente tengo muchas ganas de tener sexo.
Hace un mes que hablo con esta
chica. En las fotos, se ve que es realmente hermosa. Tiene veintiún años, es
actriz. Cree cada cosa que le digo, es más, me invitó a su propia casa para que
nos conozcamos. Le dije que estaba enamorándome de ella, aunque lo único que
desee es someterla a mi semillero de perversiones.
Me encantan las mujeres inocentes,
me encanta cogerlas y no volverlas a ver. A las mujeres así hay que tratarlas
de esa manera, porque a fin de cuentas, es lo que buscan.
Después de tanto insistirle, me
terminó diciendo que hoy me iba a comer la pija, se nota que debe ser bastante
puta.
Por fin llegué a la dirección que
me dijo, su casa se ve grande, parece que tiene dinero. Estoy seguro que algo
de valor voy a poder llevarme, una especie de souvenir de recuerdo.
Producto de la ansiedad, toqué el
timbre dos veces.
La puerta se abrió, pero nadie
estaba del otro lado. Entré imaginándola con poca ropa del otro lado de la
puerta.
Un golpe en la cabeza me hizo
desplomarme en el suelo.
Cuando desperté, estaba sentado
en una silla, desnudo y aturdido. Mis manos y pies se encontraban atados al pesado
mueble.
Todo estaba muy oscuro, pude
percibir movimientos al fondo de la habitación. La figura comenzó a acercarse,
de a poco pude reconocer un pequeño cuerpo que cada vez se hacía más visible. Cuando
estuvo lo suficientemente cerca, comprobé que era un hombre, el miedo me dejó
mudo.
Un pequeño hombre encorvado,
tocaba mis manos con sus dedos huesudos
para luego llevárselos a la boca, como saboreándolos. Lo siguiente que hizo,
fue tomar mi pene, con esas horribles y frías manos. Lo observó detenidamente y
con mucha atención. Me recordó a cuando de pequeño, acompañaba a mi abuela a hacer las compras en la carnicería del
barrio. Ella elegía, después de un largo rato, el mejor corte de carne para el
almuerzo.
Se fue de la habitación, a lo que
creo que era la cocina. Cuando volvió, traía un cuchillo en su mano.
Al fin entendí todo.

